Este domingo, tuve el privilegio de ser invitada como coach a un encuentro con un grupo de mujeres poderosas, valientes y dispuestas a transformarse. Mujeres que están en pleno proceso de cambio físico, emocional y mental. Mujeres que se están mirando al espejo con nuevos ojos.
Estuvimos conversando, reflexionando, riendo y también llorando… porque cuando una se atreve a parar el automático y se escucha de verdad, se abre la puerta a lo profundo, a lo auténtico, a lo que ya no se puede seguir ignorando.
Hablamos de muchas cosas: de cómo el miedo no es el enemigo, sino un puente. De cómo no vinimos a reducirnos, a encogernos para encajar, sino a expandirnos. Y sobre todo, de cómo la desconexión con nosotras mismas es el mayor abandono al que podemos someternos.
Guié una dinámica muy especial, una que llamo “Mi ancla, mi para qué, mi poder”. Las invité a cerrar sus ojos, respirar profundo, y trasladarse a ese lugar, espacio o momento que les transmitiera paz, alegría, calma y amor. Y desde esa conexión con su esencia, responderse: ¿para qué estoy haciendo todo esto?¿Qué es eso que me centra?.
Y entonces ocurrió la magia. Lágrimas, suspiros, risas nerviosas. Algunas mujeres me decían: “Nunca me había detenido a preguntarme esto”. Otras solo bajaban la cabeza y dejaban que el alma hablara, otras compartieron con mucha emoción su ancla identificada.
Y ahí entendí,una vez más,que este trabajo no lo veo como untrabajo. Es mi misión, mi pasión, mi forma de honrar a Dios por este don de guiar desde el corazón.
Esto no es solo coaching. Es sostener, es iluminar rincones, es recordarle a otras lo que han olvidado de sí mismas.
No hay nada más poderoso que una mujer conectada con su para qué. No hay nada más bello que una mujer decidiendo vivir desde el amor, el reconocimiento y la alegría.
Gracias infinitas a cada una por confiar en mí, por abrir su corazón, por dejarme acompañarlas en este espacio. Me fui con el alma llena.
Y como siempre digo:
Lo que pides, se da. Donde pones el foco, provocas.
Así que cuidado con lo que pides… porque la vida está escuchando. Dios no te abandona.
Hoy sigo brillando, sigo expandiéndome. Y tú también puedes!!!.
Porque esto no se trata de mí. Se trata de todas.
Y cerré ese encuentro con una frase muy real:
“Las mujeres no nos medimos con tallas, kilos, ni retos… nos medimos por cuánto brillamos, aunque nos tiemblen las piernas.”
Si sentiste que este mensaje resonó contigo y estás lista para dejar de vivir en automático, conectar con tu propósito y expandirte, puedo acompañarte en ese camino.
Trabajo con mujeres valientes que quieren claridad, sostén y acción concreta.
Si quieres agendar una sesión de claridad gratuita o saber más de mis programas personalizados de coaching, escríbeme, feliz de acompañarte.
Estás a una decisión de comenzar a sostenerte a ti misma con amor. 💫
Tu coach Dayana Da Silva


Deja un comentario