Si pienso en mi infancia, veo a mi papá en distintos escenarios: primero en una estación de servicio, dispensando gasolina con la determinación de quien empieza de cero en un país desconocido. Luego, lo imagino detrás del mostrador de su frutería, con ese don innato para tratar con la gente. Más tarde, al mando de su negocio de transporte de pasajeros, organizando rutas, hablando con sus conductores y tomando decisiones con la seguridad de un gran gerente. Y, paralelamente, con la misma pasión, lo veía en su barbería, donde su habilidad para los negocios seguía brillando.
Mi papá es un hombre maravilloso, inteligente, audaz. No tuvo educación formal, pero su instinto emprendedor lo llevó a construir un futuro sólido en cada rubro en el que incursionó. Él no se detuvo ante los desafíos, sino que se adaptó, encontró oportunidades y creó caminos donde no los había.
Hoy, me veo a mí misma y descubro en mi historia reflejos de la suya.
El emprendimiento como parte de mi ADN
Siempre supe que estaba destinada a ser emprendedora. He construido negocios en diferentes sectores, con la certeza de que el éxito no depende del lugar donde estés, sino de tu capacidad de adaptarte, aprender y avanzar.
Cuando decidí emprender en el sector del transporte con HOP, fue inevitable recordar la historia de mi padre. Si él fue exitoso en este rubro, es porque el transporte es una industria con oportunidades para quienes saben verlas. Y si él logró construir un negocio sólido sin estudios formales, guiado por su instinto y su don de liderazgo, ¿por qué yo no podría hacerlo?
Desafíos en un mundo de hombres
No voy a negar que emprender en el transporte, un sector históricamente liderado por hombres, ha sido un desafío. Me han subestimado, han creído que mi carácter es débil, que pueden dominarme. Se han equivocado.
Cada obstáculo que he enfrentado me ha hecho más fuerte, más determinada. Cada vez que han intentado hacerme sentir menos, he demostrado que soy más.
Y cuando las dudas han tocado mi puerta —porque sí, las he tenido—, he pensado en mi padre. En cómo él, un migrante portugués en Venezuela, se enfrentó a un mundo desconocido y logró conquistar su propio espacio.
Yo, una migrante venezolana en Chile, hago lo mismo hoy.
A mi papá, con gratitud
Cada vez que me siento a conversar con mi papá sobre este camino que estoy construyendo, le pido consejos, escucho atentamente su experiencia y absorbo cada lección, como lo hacía cuando era niña. Sus palabras siguen guiándome, y su historia me recuerda que la valentía y la determinación siempre abren nuevas oportunidades.
Todo está bien
Hay algo que mi papá siempre dice: «Todo está bien.» Y con los años, he entendido el poder de esas tres palabras.
En el mundo del emprendimiento, enfrentar desafíos es parte del proceso. Habrá momentos de incertidumbre, errores, obstáculos inesperados. Pero mantenernos optimistas, creer en nuestra capacidad de adaptarnos y avanzar, es lo que nos impide derrumbarnos. El éxito no es la ausencia de dificultades, sino la certeza de que, pase lo que pase, siempre encontraremos una solución.
Así que, si hoy sientes que el camino se vuelve difícil, recuerda: todo está bien. Y si aún no ves la salida, confía en que pronto lo estará.
A las mujeres que quieren emprender en un mundo de hombres
Si algo he aprendido en este camino es que las mujeres podemos con todo. No importa el rubro ni el entorno. Si quieres emprender en un sector dominado por hombres, hazlo. Demuestra que el liderazgo, la estrategia y la visión no tienen género.
Y si en algún momento dudas de ti misma, recuerda esto: we run the world!!.
Si estás lista para romper barreras y construir tu propio camino, hablemos. A veces, solo necesitas claridad y dirección para dar el siguiente paso. Puedes agendar una sesión de coaching conmigo y comenzar a diseñar la vida y el negocio que realmente quieres


Replica a Aurea Cancelar la respuesta