Conectar con mi yo interior significa estar alineada conmigo misma.
Cerrar los ojos, mirar hacia dentro… y reconocerme.
Saber quién fui, quién soy y quién quiero ser.
Parece sencillo, pero en el día a día, entre responsabilidades, exigencias externas, expectativas sociales y rutinas automáticas, es fácil perder ese hilo sagrado que nos une con nosotras mismas. Y cuando eso pasa, lo siento de inmediato: mi cabeza va para un lado, mi ser para otro. No hay paz en mis pensamientos. No vibro alto. Mis ojos no brillan. Me cuesta tener paciencia, incluso al mirarme en el espejo. La confianza se apaga y empiezo a dudar de lo que es… y de lo que podría ser.
He aprendido a lo largo de mi vida que reconectar no siempre ocurre en momentos difíciles. A veces es justo en la rutina, en lo cotidiano, donde más nos perdemos sin darnos cuenta. Pero también he vivido dos momentos clave que marcaron un antes y un después en mi relación conmigo misma.
El primero fue cuando me vine a vivir a Chile. Un cambio drástico, sí, pero estaba alineada, conectada con mi propósito, con esa fuerza interna que me decía “sí puedes”. El segundo fue después de la pandemia. Me vi con un sobrepeso considerable, desconectada, sin motivación. Hasta que apareció una coach de ejercicios y alimentación saludable. Gracias a su guía, no solo empecé a cambiar por fuera, sino también por dentro. Aprendí a verme con amor frente al espejo, a subir mi autoestima, a reconocer que tenía herramientas y recursos dentro de mí que había olvidado. Recuperé esa emoción de sentirme viva, capaz, responsable de mis resultados.
Y la tercera reconexión llegó hace algunos meses, cuando decidí dejar mi emprendimiento de toda la vida. Ese que me daba seguridad económica, pero ya no me hacía vibrar. Tomé esa decisión con más madurez, más herramientas, más intuición. Sabía que si no sentía chispa, no era el camino. Me lancé otra vez al vacío, pero esta vez con más fe en mí.
Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto mirar hacia adentro?
Porque vivimos desde la razón, la cabeza, la lógica. Nos olvidamos de vivir desde el ser. Desde el corazón. Desde el sentimiento.
Conectarte contigo es un proceso, no una meta. Y empieza con pequeños pasos.
Para mí, el más importante fue pedir ayuda.
Conversar. No conformarme. Ser inquieta. Buscar. Leer. Visualizar. Preguntarme: ¿esto me emociona? ¿Me veo en esto en 2, 5 o 10 años? ¿Esto me llena?
Otra herramienta que siempre recomiendo es escribir. Poner en papel lo que pasa por tu mente y tu corazón. Leerlo después tiene un poder sanador y reflexivo que te impulsa a avanzar.
Y también recordar algo muy importante: aunque estés en el camino correcto, tendrás días difíciles. A mí me pasa. Pero cuando estás conectada contigo misma, esos días no te frenan. No te detienen. Porque ya no estás sola: estás contigo. Y la clave es esa… ir acompañada.
Este es el mensaje que quiero dejarte hoy:
No esperes a tocar fondo para reconectar. Hazlo hoy. Hazlo por ti.
Porque lo más bonito que te estás perdiendo…
eres tú.
Muy pronto abriré las puertas a un nuevo programa creado especialmente para mujeres que desean reconectar con su esencia, fortalecer su liderazgo personal y avanzar hacia una vida con más sentido.
Si este mensaje resonó contigo, te invito a estar atenta a las próximas publicaciones.
Este puede ser el primer paso de tu gran transformación… y yo estaré feliz de acompañarte.


Replica a Aurea Cancelar la respuesta